Si tienen que enfrentarse en combate a los que rechazaron el mensaje, golpeen sus cuello hasta derrotarlos, y luego aprésenlos. Después, libérenlos con benevolencia o pidan un rescate1, [esa debe ser la actitud] hasta que cese la guerra. [Sepan que] si Dios hubiera querido, Él mismo los hubiera derrotado, pero quiso ponerlos a prueba [y que se enfrentaran] unos contra otros. Quien caiga en combate por la causa de Dios, sus obras no habrán sido en vano.